Nueve segundos no valen la pena. Crónica del Maratón de Berlín 2016


El GPS del pulsómetro me ha estado fallando durante casi toda la carrera. Las referencias en cada kilómetro desde el 20 me las marcaba antes de pasar por el punto oficial de la prueba.

Estoy haciendo un carrerón, a un ritmo medio de 5:07-5:08. Antes de empezar la maratón no había pensado en tiempos, es mi filosofía, pero era inevitable pensar que tras la dura preparación de esta carrera, el ambiente que seguro habría, y si no surgía imprevisto alguno debería de hacer MMP en la distancia. Para eso era suficiente con correr en torno a los 5:15-5:17 minutos por kilómetro.

Los ritmos medios que marcaban mi pulsómetro me lo garantizaban, me sentía fuerte, con ganas, disfrutaba al máximo, vibraba en cada zancada y era la primera vez que sentía que corría rápido y sin molestias en esta distancia tras las anteriores experiencias.
Mi reloj marca el km.40 de carrera, no recuerdo el tiempo pero no solo iba a mejorar marca, si no que iba a bajar de 3 horas y 40 minutos. Casi 5 minutos más tarde veo el km.40 oficial de la prueba, algo no cuadra, se confirma lo que imaginaba, aún me quedaban 2 kilómetros más 195 metros y mi crono superaba con creces las 3h:30 minutos. Mucho tengo que apretar para ser sub-3h40 pero voy a intentarlo. Es verdad que #pasodetiempos pero a nadie le amarga un dulce cuando lo tienes delante de tus narices.

Fuerzo la máquina, me despreocupo de lo que marque el reloj y me lanzo a correr como un poseso. El cambio de ritmo me avisa de que muscularmente puedo romperme, amenazan calambres, aflojo un poco el ritmo, braceo fuerte y abro la zancada hasta encarar el último kilómetro. Que de gente animando, que ambientazo por las calles, las piernas van solas, como en casi toda la carrera. Al fondo diviso las banderolas azules y el arco publicitario de Erdinger Beer, en ese punto me espera mi bandera de España, y algo más alejada, casi escondida, la Puerta de Brandenburgo, victoriosa, altiva, esperándote paciente, sabedora de que cumplirás tu promesa de hace unas horas cuando pasabas por delante de ella en la fresca mañana berlinesa, cómplice de tu sueño durante días calurosos de entrenamientos, semanas de esfuerzo, meses de duro trabajo para llegar hasta ese lugar, testigo de la historia, bastión de libertades que rompe el muro para que afrontes los últimos metros hasta cruzar la meta.


Sigo y os veo a la izquierda, entre el público, donde habíamos quedado la tarde antes, estás ahí, como siempre, alentándome y animándome sin parar. ¡¡¡Vamos Antonio, vamos Sevi!!! La emoción me embriaga, como en Bruselas, como en Madrid, como en tantas ocasiones en las que eres consciente de que todo está a punto de acabar y terminará como has soñado, como tantas veces lo has visualizado mientras te partías el alma entrenando.

Agarro mi bandera fuertemente, la de España, es como sujetar a la gente que quiero, a los amigos que sienten como yo, que se ven representados en este gesto patriota que no entiende de políticas ni de regiones, que unicamente responde al amor hacia una tierra, mi tierra, la tuya y la de muchos que la sienten como yo, y que en este momento siento el orgullo y la necesidad de que me acompañe hasta cruzar la meta, y me abrace en ella una vez que mi carrera haya acabado y la medalla de finisher cuelgue de mi cuello.

Son los últimos metros de este maratón, del que muchos consideran el mejor maratón del mundo, y yo estoy siendo protagonista de esta edición, por un momento no quiero que se acabe, quiero seguir disfrutando de él, llego muy fuerte al final y siento pena porque ésto se acaba, el sueño se termina, quiero seguir corriendo, quiero seguir viviendo esta experiencia, quiero alargar este momento de felicidad indescriptible que muy pocos entienden, solo aquellos que lo han podido vivir en cualquier parte del mundo, volver a cruzar la meta de un maratón, por quinta vez, como lo hice en Sevilla, Bruselas, Málaga o Madrid. Berlín se acaba, el sueño se cumple.

Cruzo el arco de meta, paro el crono de mi reloj. 3 horas, 40 minutos y 8 segundos. En este momento no pienso en nada y pienso en todo, solo se que he terminado, estoy eufórico, pletórico y estoy feliz, inmensamente feliz, pero van pasando los minutos y piensas...


Por nueve segundos no bajé de 3h40. Que rabia, una lástima, si hubiese apretado aquí o allí, ¿por qué te fiaste del garmin Sevi? ¿hasta el km.40 no te diste cuenta de que fallaba algo? Si no me hubiese parado a saludar a tantos españoles en el público, me acercaba a ellos golpeando la bandera impresa en mi pecho y gritándoles: ¡Viva Españaaaaaaa! Si no me hubiese acercado a animar a aquellos que vi tan hundidos en los últimos kilómetros, si no hubiese compartido aquel vaso de agua con ese corredor que vi tan fatigado, no se cuanto tiempo estuve pero quizás 10 ó 15 segundos con él. Me volví a dar las gracias a cada persona que gritó mi nombre, ¡Antonio! gritaban algunos viendo el dorsal de frente, ¡Gracias Sevi! otros cuando los pasaba durante la carrera habiéndolos animado; dos corredores de Córdoba, uno de Albacete, un compañero Primeguis que vi de lejos. Con todos me paré, a todos animé. Otros tantos hermanos Mejicanos, Guatemaltecos, Ecuatorianos, Peruanos y de tantos países a los que sentía como hermanos corredores, como compatriotas.

Aquella chica con la bandera independentista de Cataluña en una valla, a la que grite “Viva España” y me respondió con una peineta diciendo: Toda tuya gilipollas. Menudo corte me pegó la “catalufa”, mientras me recompuse de la escena, no menos de 200 metros, seguro que también se me fueron unos segundillos. Pero me quedé muy a gusto todo hay que decirlo.

Y tantas cosas que ocurrieron durante más de 42 kilómetros que influyeron en no bajar de 3 horas y 40 minutos, pero si cambiase hacer mejor tiempo entrando sin mi bandera de España por estar atento donde estabas para cogerla y decirte "te quiero", si en la salida me hubiese dedicado a no disfrutar del espectáculo que supone tomar parte de ella más de 40.000 corredores, de más de 120 paises, en una carrera como ésta, si hubiese renunciado a sonreír cuando me apeteció, a tirar besos y dar algún abrazo cuando la situación lo requería, si cada vez que veía a un niño extendiendo su brazo para chocar mi mano hubiese renunciado a ello, si en cada curva repleta de público no hubiese alentado a la gente a animar a los que pasamos por allí buscando nuestro sueño maratoniano, por tantas y tantas cosas... pero 9 segundos menos no valen la pena, estoy convencido de ello, todo lo demás, seguro que sí...

3 horas, 40 minutos y 8 segundos. Tiempo oficial y mejor marca personal en maratón.

Berlín, 2016.



*****

Gracias a todos los amigos y compañeros por las infinitas muestras de apoyo recibidas antes, durante y después de la carrera. Se que soy muy pesado, sobre todo en redes sociales, pero mientras 100 personas me pueden catalogar de cansino, una sola se que admira lo que hago y se ve reflejada en mi esfuerzo, sirviéndole de motivación para alcanzar sus retos, y con eso me es suficiente y merece la pena. Gracias a Dani Pérez, mi entrenador, por confiar en mi, por seguir mi evolución y saber que estaba mejor de lo que yo creía, gracias mister. Gracias a Sergio Orosa, amigo y fisioterapeuta (en ese orden) por el tratamiento de mis molestias y la puesta a punto previa a la carrera. A Javi y Salva por otra nueva experiencia juntos, por compartir nuestra pasión y aguantarme durante cuatro días por las calles de Berlín, por vivir tantos momentos de “sangre azul” en ésta, mi última carrera y mi despedida del club pero no de “Runnáticos”, y sobre todo, como siempre, gracias a ti por no estar en deuda conmigo, por no reclamar el tiempo que te robo, por permitirme ser feliz de esta manera y de tantas otras, por dejarme ser yo mismo.

Gracias.

Sevi.

1 comentario:

  1. Preciosa crónica, ojalá me pase ami en el de valencia al igual que tu me importaría poco esos segundos si la disfrutará como tu. Halaaaaaa y que viva España. Un saludo amigos.

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