Nuestra Tierra Santa

En “nuestro" interior crece “nuestro” amor puro.
Todos y cada uno de los 101 kilómetros son para que no olvides sentirlo.


Sí, Tierra Santa.

Pero no esa tierra santa bañada por el Mar de Galilea, cubierta por la inmensidad del Desierto de Judea, no esa divina tierra donde Nazaret, Belén o Jerusalén son la huella de la fe cristiana, donde un ejercito combate por la justicia palestina y otro defiende la tierra prometida.

No, mi Tierra Santa no es esa, pudiera serlo pero no, mi Tierra Santa es otra.

Es la tierra que cada mañana refleja el sol en las casas blancas, que da la sombra sobre el Puente Nuevo, cobijo del desfiladero de los sueños. Mi tierra santa une voluntades y es testigo de retos de aquellos que fabrican metas paso a paso, metro a metro en busca de la gloria escondida entre los tilos de una alameda que espera ansiosa la llegada de su tropa, ejército de héroes valientes que durante horas y horas luchan por conseguir su preciado trofeo, el premio al incesante esfuerzo, a la titánica lucha bañada en sangre, sudor y lágrimas.

Mi tierra santa, la nuestra, es protectora de una sierra cuna de mujeres y hombres de honor, defensora de batallas donde el enemigo es uno mismo junto a nuestra soledad, bastión de una bandera que envuelve al compañero, al soldado que todos llevamos dentro y que llegando mayo reluce orgulloso de su patria y de su pueblo.

La calle de la Bola, Navetas, Ascari, Parchite, Arriate, Alcalá del Valle, Setenil, Chinchilla, El Tercio, La Ermita, Montejaque, Benaoján, el Puerto de la Muela, la “Cuesta del Cachondeo”, el Tajo de fondo y Ronda, Ronda, Ronda...

Esa es mi “Tierra Santa”, la que honra a La Legión, a soñadores como tú y yo que en apenas unas horas tomaremos partida para buscar la gloria cientounera. Veteranos, principiantes, corredores, marchadores, ciclistas, rápidos y menos rápidos, mujeres y hombres en busca de la última marca de nuestro pasaporte legionario en la antigua Alameda de San Carlos, del abrazo del soldado que nos espera en meta con la medalla por la que llevamos meses luchando, “ladrillo” forjado día a día que anhela el final feliz de esta historia que empuja a todos y cada uno de nosotros a esta bendita locura llamada “los cientouno”.


Ya no hay vuelta atrás, el destino si crees en él ya está escrito. Que más da si llueve, hace frío o calor. Que truene, que apriete el sol si quiere como si no hubiese un mañana, que el barro cubra mis pies, o el espeso polvo del camino ensucie mi cara, me da igual, nos da igual, porque tenemos una meta, un reto como no hay otro, un sueño indestructible cobijado en 24 horas y ciento un mil metros desde un modesto campo de futbol, hasta el balcón de la más bella serranía que el hombre conoce.

Ha llegado el momento de disfrutar de la carrera más bonita del mundo, la que por mucho que tu le entregues, ella siempre te da más a cambio. Las damas y caballeros legionarios te esperan ansiosos para empujarte hacia la gloria. Ronda, sus pueblos y su gente, están prestos para darte el aliento que necesites en cada momento de debilidad, la ilusión de los niños, el beso de tu mujer, el abrazo de tu marido, tus padres pendientes de ti en la distancia, ese hijo que esperas en el vientre de la persona que amas, tus hermanos que te tildan de loco, tus amigos orgullosos de tu gesta, tus compañeros de batalla en cada entrenamiento, todos, todos te empujan porque esta carrera no se corre solo, muchos corazones te acompañan, muchos pasos los dan otros por ti.

Disfruta de “los 101”, eres un privilegiado, muchos están en casa queriendo ser tú, el año que viene tú, nosotros, podemos ser ellos, por eso lucha, combate, afánate a tu sueño y cuando creas que desfalleces ¡arriba! a seguir peleando cual legionario haría en la batalla, bañemos de casta y corazón nuestra particular Tierra Santa, esta tierra cuya única religión es el “honor y la gloria”, cuyo credo es el “sufrimiento y dureza” y la doctrina de fe, nuestra única verdad es la “gloria cientounera”.

Al fondo se escucha la voz de "Chito" emocionado en la línea de salida, los nervios ya nos apoderan, la emoción se desborda entre la multitud de corredores y el público en la grada. Suenan los tres Vivas, miro al cielo, cierro los ojos, visualizo la meta y me dejo llevar paso a paso hacia Tierra Santa, hacia nuestra Tierra Santa...


¡Viva España y Viva La Legión!

"Ladrillos" ediciones 2015 y 2016

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