Reflexiones, vivencias y emociones de un peregrino durante el Camino de Santiago


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En junio del año pasado (2017) emprendí una nueva experiencia personal, pero sobre todo emocional, mi segundo Camino de Santiago, esta vez el portugués.

Un camino que me lleva a una serie de reflexiones como peregrino que quiero compartir con aquel que lea este artículo, además de una serie de vivencias y emociones que iré publicando seguidamente en seis posts donde haré un breve resumen de cada una de las etapas que viví, desde mi llegada a Lisboa, el primer paso desde Ponte de Lima, hasta mi último en Santiago.

Imágenes, olores, sabores, anécdotas, sonidos, colores, personas y lugares que quedan en mi memoria, y que serán los hitos más significativos de otra nueva experiencia vital que marca mi vida para siempre.

Dicen, en algún sitio escuché, que no tienes que buscar el Camino, que es el Camino el que te encuentra a ti. Inicias tu peregrinación con una serie de propósitos pero la magia de este viaje puede hacer que todo de un giro radical y cambie totalmente tu perspectiva. Y así es, siempre ocurre, es más, ese objetivo que llevas de salida no solo puedes alcanzar lograrlo, sino que puede incluso multiplicarse y sacar otro yo, provocar que aparezca otra parte de ti que no conoces, o que vive latente en tu interior, esa sensación a veces agridulce, puede ser maravillosa.

Camino Portugués

Cuando llegas a la oficina del peregrino para solicitar la “Compostela”, te hacen una pregunta: ¿Cual es el motivo por el que ha realizado el Camino de Santiago? con tres posibles respuestas: Religioso, espiritual o deportivo. Y este camino para mi tuvo un poco de cada una de ellas.

Recomiendo hacer el Camino al menos una vez en tu vida, y si es sólo, aún mejor.

Buscaba encontrarme a mi mismo, peregrinar te regala algo valioso, el tiempo, y a ese preciado tesoro debes sacarle el máximo partido, pocas experiencias en el mundo y remotos lugares te ofrecerán la posibilidad de pensar como te ofrece el Camino de Santiago.

¿Qué hago bien? ¿qué hago mal? fueron dos preguntas que me hice en cada etapa, un ejercicio de autocrítica y de depuración emocional que necesitaba, son dos cuestiones que como norma me pregunto al final de cada día con la intención de mantener y mejorar lo primero, y no repetir, ni consentir lo segundo.

Fue una ruta cargada de emociones, de recuerdos, donde llevé conmigo muchos mensajes de ánimo de familia y amigos que me ayudaban en cada etapa, porque fue un reto duro y exigente en lo físico y mental. Un camino donde la soledad y el silencio fueron mis compañeros de viaje, mis confidentes y mis consejeros, quería reencontrarme con mi padre tras su reciente muerte, apenas dos semanas atrás, necesitaba sentirlo, fue dura su pérdida, la coraza que me había auto impuesto tenía que arrojarla y dejarla en ese camino para que el hijo saliese a flote y saldara deudas envueltas en lagrimas y confesiones.

Pontesampaio (Ría de Vigo)

También llegué a este camino con el firme propósito de encontrar un nombre para mi futuro hijo, busqué por cada rincón, en nombres de aldeas y pueblos, en ríos y arroyos, en personas que conocí, en montes y en árboles sin encontrarlo, sin saber que su nombre estaba allí, delante de mi, y era el propio camino, era Galicia, era el final de la ruta, era el último paso.

Pasaron meses después de terminar mi ruta jacobea para que apareciera el nombre, de nuevo es el camino el que te encuentra a ti, y por casualidad, cuatro letras... IAGO, un nombre que lo significa todo y se convierte en el camino de mi vida, en una promesa para volver con él por mis pasos, para devolver al camino todo lo que me ha dado en forma de sentimientos a flor de piel, de paisajes, de aromas, de sonrisas y lágrimas, de solidaridad, devoción, derrotas y victorias.

Volveré, porque siempre vuelvo aunque no vaya, quizás porque siempre esté y no lo sepa.

Buen camino.


Volveré

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1 comentario:

  1. El camino sigue, encuentra siempre ese momento para reflexionar y seguir adelante con lo mejor que te da la vida. Eres grande amigo.

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