Soy Cientounero

Pasan 17 minutos de las 7 de la mañana del domingo, cansado, extenuado, dolorido por innumerables partes de mi cuerpo pero tremenda e infinitamente emocionado por todo lo que supone este preciso instante y todo lo que las más de 20 horas que preceden han supuesto hasta llegar a la Alameda del Tajo.

Paso firme envuelto en mi bandera de España, mirada alta en compañía de dos de mis hermanos de carrera. Algún aplauso del poco pero heroico público que allí esta presente esperando a que los suyos aparezcan por el empedrado que viene de La Maestranza Rondeña y en el fondo, un arco de meta precedido por dos caballeros legionarios sentados en un pupitre.

Saco mi pasaporte por ultima vez a escasos metros de la gloria, recibo el sello que da fe de mi hazaña y agradezco con un abrazo a cada caballero del Tercio todo lo que La Legión me ha entregado durante la carrera.

Emoción contenida de un sueño que se hace realidad ante mi. Extiendo mis brazos sujetando en cada mano un extremo de la bandera de mi país, escucho como a mi lado susurran un “todo es posible”, de mi, casi sin aliento responde otro “todo, todo es posible”.

Alzo levemente la cabeza justo debajo del último metro de los más de ciento un mil recorridos y grito: VIVA ESPAÑA!!!

Cuelgan de mi cuello el famoso “Ladrillo” y en ese preciso momento es cuando realmente siento que he terminado la carrera, que he alcanzado y cumplido un nuevo reto, un nuevo sueño. La mítica carrera de Los 101 kilómetros de la Legión ha terminado y ya puedo decir a boca llena que “Soy Cientounero”.


Llámame loco pero me he inscrito a la Subida al Veleta

Sí, llámame loco si quieres y entenderé que lo hagas.

Cuando a una semana escasa de afrontar mi primera carrera de ultrafondo, donde tenía que tener puestos los cinco sentidos saco un espacio de tiempo para inscribirme a una carrera, y no una carrera cualquiera, una prueba que su cartel anunciador dice que es considerada “la más dura del mundo”, la que se corre a más altura de toda Europa, con una distancia de 50 kms., impaciente de que llegase el día de hoy y... me inscribo.