Mi tío Aurelio y el espíritu de "Los 101"

Faltan pocas horas para que de comienzo la décimo novena edición de los 101 Kilómetros de La Legión en Ronda, sólo pocas horas, apenas dos días y ya no podemos con nosotros mismos. Los nervios se apoderan de nuestra serenidad, los últimos detalles no terminan nunca, ¿hará calor? este año parece que no, ¿hará frío? ¿lloverá? ¿cuanto barro aparecerá en nuestro camino?

Son tantas dudas, tantas preguntas, tanta incertidumbre y tanta adrenalina fluyendo que creo, sinceramente, que ya ha llegado el momento de olvidarnos de todo lo anterior y empezar a disfrutar de esta marcha, de esta prueba que no es una carrera como tal, que no fue concebida para correrla de principio a fin, fue concebida para que zancada tras zancada, sea como sea, podamos cubrir la distancia de ciento un mil metros en menos de veinticuatro horas. Sin más, sólo eso, así de simple.

Ha llegado el momento de vivir “Los 101”, de pisar y estrangular nuestros miedos, de templar nuestros nervios a base de casta y de coraje. Ha llegado el momento de hacer frente a la necesidad de convivir con el dolor y la dureza a base de sufrimiento incesable. Ha llegado el momento de visualizar sólo dos instantes: el indescriptible ambiente que viviremos en la salida, y la llegada a meta en la Alameda del Tajo. Dos instantes simplemente.